Durante gran parte de mi vida, pensé que los demás debían estar antes que yo.
Estar disponible.
Cumplir expectativas.
No decepcionar.
Ser útil.
Estas intenciones son nobles.
Pero a veces esconden una trampa.
Por querer estar presente para todos, uno termina por no estar realmente presente para sí mismo.
El golf me hizo descubrir una idea muy sencilla.
Cuando una persona dice:
"No puedo, tengo golf."
Podría parecer que elige el golf antes que a los demás.
Creo que, sobre todo, elige preservar un espacio esencial.
Un espacio donde respira.
Donde camina.
Donde encuentra el silencio.
Donde vuelve a sí misma.
Y creo profundamente que estos momentos no nos alejan de los demás.
Nos permiten reencontrarlos mejor.
Creo que a menudo cometemos una confusión.
Oponemos el tiempo para uno mismo y el tiempo para los demás.
Como si hubiera que elegir.
Sin embargo, a menudo he observado lo contrario.
Las personas que saben preservar algunos espacios para sí mismas suelen ser también las que saben estar plenamente presentes cuando se encuentran con los demás.
Escuchan más.
Están más disponibles.
Más pacientes.
Más serenas.
Como si el tiempo que se habían concedido se convirtiera luego en un regalo para quienes los rodean.
Hay una imagen que me viene a menudo a la mente.
Imagina una fuente de montaña.
Si deja de ser alimentada, termina por secarse.
Somos como esa fuente.
Necesitamos esos momentos en los que recargamos suavemente lo que nos mantiene vivos.
Para algunos, será el golf.
Para otros, un libro.
Un paseo.
El jardín.
La pintura.
La montaña.
El silencio.
No importa la forma.
Lo que importa es tener un lugar donde recuperar el aliento.
Creo que nuestra época a menudo nos anima a llenar cada minuto.
A ser productivos.
Disponibles.
Conectados.
Como si reducir la velocidad fuera casi un error.
Y sin embargo...
Las ideas más bellas rara vez nacen en la agitación.
Aparecen cuando el ruido se aleja.
Cuando se camina.
Cuando se contempla.
Cuando finalmente se acepta no hacer nada más que estar plenamente presente.
Quizás por eso No Puedo, Tengo Golf me conmueve tanto.
Porque, más allá de la sonrisa que provoca, esta frase dice algo muy simple:
Hoy, cuido lo que me permite estar plenamente vivo.
Y no creo que eso sea egoísmo.
Creo que es una responsabilidad.
Porque es difícil ofrecer a los demás una presencia tranquila cuando uno mismo se ha olvidado durante demasiado tiempo.
No sé si el golf hace a la gente más feliz.
Pero creo que a veces les ofrece algo precioso.
Un paréntesis.
Un espacio donde el tiempo se ralentiza.
Un momento donde uno deja de definirse únicamente por sus responsabilidades.
Y creo que todos necesitamos esos respiros.
No para huir de la vida.
Sino para volver a ella mejor.